En un repaso por los principales desafíos que tendrá el Gobierno de Javier Milei hasta el final de su primer año de gestión, el economista Jorge Carrera -ex vicepresidente segundo del Banco Central-, advierte enfáticamente por la recesión que se profundizó a partir de diciembre y por el desempleo como problemáticas que ganan terreno por sobre el impacto de la inflación. Asegura que las dificultades para dolarizar están vigentes, aunque le preocupa que el oficialismo aplique el régimen monetario como recurso de última instancia para retomar popularidad a fines de 2024, de cara a las elecciones legislativas de 2025. En diálogo con Ámbito, el profesional recibido en la Universidad de La Plata también se refirió al mes de julio y la performance del BCRA, que podría verse sensiblemente perjudicada.

Jorge Carrera: La baja de la inflación es lo único que pueden mostrar como elemento positivo, pero este descenso muy rápido va a ir encontrando un piso, una especie de aterrizaje. Sería ingenuo pensar que de 5%, de 6%, esta inflación va a bajar a 2% o a 3% mensual. En esos niveles ya son muy importantes las cuestiones de la inercia, más la inflación reprimida, que es todo lo que hay de tarifas, transporte, combustible y demás. Los cálculos que nosotros hacemos agregan entre 14 y 18 puntos que en algún momento va a haber que ir incorporando a lo mensual. Al mismo tiempo, esta baja de la inflación estuvo centrada en utilizar instrumentos de política económica que han sido muy fuertes: devaluación, reducción en el gasto, pisar pagos y licuación de pesos. A esos instrumentos se suma el más poderoso de todos: la recesión, entendida como “la política de ingresos de un gobierno libertario”. Generaron una recesión tan fuerte, que hace que tanto los trabajadores discutiendo salarios como los que fijan precios, hayan moderado mucho el comportamiento tradicional respecto a la inflación.

J.C.: Esta recesión es tal vez la más fuerte que vamos a tener desde 2001, y va a ser la gran protagonista del segundo semestre. Yo creo que, contrariamente a lo que piensa el Gobierno, va a ser extremadamente difícil lograr una recuperación importante de la economía. Es probable que empieces a tener una caída en el nivel de actividad menor al actual y que algunos indicadores marquen crecimiento. Pero eso no quiere decir que vayas a salir de la recesión.

P.: ¿Qué significa, entonces, salir de la recesión?

J.C.: Que se vuelva a tener un nivel de actividad que sea parecido a cuando se inició esta recesión, que en realidad empieza en 2022. ¿Cuáles son los motores que te van a impulsar a que llegues al año que viene al menos con el PBI de mediados de 2023? ¿La recuperación salarial alcanza para que vuelvas a tener el nivel de actividad de diciembre? Es posible que tu salario ajustado por inflación vuelva a ser el equivalente a lo que ganabas en diciembre del 2023, pero no vas a comprar lo mismo que comprabas en ese entonces, porque ahora hay una parte de consumo fijo que, según cálculos del IIEP de la UBA, pasó de ocupar el 6% al 20% de los ingresos.

P.: ¿Cuál es el factor que hoy contiene socialmente las consecuencias que se están viendo por la aplicación del programa económico y, por el contrario, qué cree que puede hacer colapsar esa contención?

J.C.: Yo creo que la recesión va haciendo estragos, está instalándose en el centro del debate. A diferencia de la inflación, que es algo que nos perjudica a todos, la desocupación es como una desgracia individual que le pasa al que le pasó y al que no, está rogando a Dios para evitar que le pase. Esto ya lo aprendimos en la convertibilidad. Tuvimos tres años con la desocupación creciendo hasta niveles exorbitantes y la gente igual elegía la convertibilidad por la curiosidad de saber qué había detrás de ella. Hay un momento en que la gente va a entender que la inflación era un problema grandísimo porque horadaba sus ingresos, pero tenía ciertos ingresos. Ahora vas a encontrar que hay una parte de la población que tiene el riesgo de no tenerlos. En ese sentido, también es cierto que del lado de la oposición nadie quiere ser el que diga yo soy el primero en enfrentar esto, cada uno atiende su juego y los gobernadores hacen lo que pueden para salvarse.

P.: Que el Presidente diga que todo su Gabinete está en revisión, en un contexto de desafíos de aquí en adelante, ¿es positivo? Porque da la sensación de que puede venir un cambio, o bien genera desconfianza, porque el Gobierno no está encontrando el rumbo…

J.C.: La verdad es que el Gobierno es muy ineficiente. No cubren espacios, no hay firmas, los funcionarios pasan demasiado tiempo tratando de ver de dónde va a venir el serrucho. En ese contexto, veo focos de tensión en la entrada de Sturzenegger porque no es lo mismo que Caputo. Creo que a Milei lo que más le interesa es la autopercepción que tiene como faro de la extrema derecha mundial, que tener que andar metiéndose en los problemas que genera manejar una estructura de Gobierno en tiempos de crisis.

P.: Cuando las cosas no parecen salir como esperaban, Milei retoma la promesa de la dolarización y asegura que está cada vez más cerca de cumplirla. Desde diciembre hasta ahora, ¿mejoraron las condiciones para aplicarla?

J.C.: La dolarización da la sensación de encontrar un camino hacia algo positivo que había sido además aspiracional y concreto. Obviamente que yo creo que él sabía muy bien que era imposible dolarizar, tal cual lo había prometido. También es cierto que una de las grandes promesas incumplidas de Caputo eran los famosos u$s15 mil millones facilísimos de obtener. Increíblemente bajo esa confianza descuidaron lo que tenían, que era la posibilidad de ampliar el SWAP con China por una cantidad adicional, un procedimiento que se estaba esperando. Pero también es cierto que ellos han mejorado las condiciones en relación a la cantidad de pesos que hay en la economía, por el proceso de licuación fenomenal. Milei ha logrado creativamente escaparle a la dolarización inventando otra cosa distinta, que es la competencia de monedas. Eso tiene muchas complejidades técnicas y no es tan fácil como lo están vendiendo. Yo lo que temo es que si el Gobierno se ve en condiciones de deterioro fuerte a fin de año, cercano al año electoral próximo, pueda intentar algún golpe de efecto, tipo levantamiento del cepo casi total, una devaluación grande y ahí intentar dolarizar.

P.: Todas estas limitaciones y desafíos, ¿también las detecta el mercado?

J.C.: El mercado festeja el superávit fiscal y todavía hay una parte mayoritaria que elige creer que se va a aprobar la Ley Bases porque te garantiza mayores ingresos. ¿Cuántos mayores ingresos? Estimamos de 0,5% a 0,7% del PBI en ingresos adicionales, que no es tanto para compensar los recortes extraordinarios que hicieron y sobre todo en un contexto de recesión, aunque el mercado elige creer en la V como recuperación. Al mismo tiempo, Argentina tiene que pagar entre 2024 y 2025 u$s18 mil millones de vencimientos del sector público. ¿Hay combustible como para que el Riesgo País baje, que Argentina en el 2025 pueda remontar y conseguir u$s3.000 o u$s4.000 millones en el mercado? Me parece que hilando fino sí hay agentes que empiezan a ver cómo se encienden algunas luces amarillas.

P.: Otra luz amarilla parece estar dada por el tipo de cambio. Hay consenso entre economistas de todo el espectro ideológico en que se registra un atraso cambiario. Pero el Gobierno insiste en que no va a devaluar, sino generar competitividad a partir de la baja de impuestos, costos de capital, riesgo país y acumulación de reservas. ¿Convence esta propuesta?

J.C.: Yo creo que no, no termina de convencer. Un problema que enfrentarán en el segundo semestre es que las liquidaciones de dólares de la cosecha han sido reticentes, porque consideran que el tipo de cambio que están recibiendo no es suficiente. El tipo de cambio se atrasa por más que la inflación baje. Desde julio va a haber una reducción en la acumulación de reservas por parte del Banco Central. La cuestión, que todavía no sabemos cómo va a resolver el Gobierno, es que este mes vence el dólar Blend, 80%-20%. Al FMI no le gusta este sistema. Mientras tanto, para el campo la rentabilidad está siendo bastante compleja, sobre todo en los sectores alejados de la zona núcleo, que son los más productivos. Eso es malo para la futura siembra. Esto, más la posibilidad de un cambio mejor en julio, dilata la liquidación de divisas.

P.: ¿Cree que el mercado le puso un signo de interrogación a lo que es la política de recorte de tasas del Banco Central? De todos modos, ¿existe manera no traumática de sanear su balance?

J.C.: La política de recorte de tasas es una política muy original, vale la pena estudiarla y no ningunearla. Desestimula la generación de emisión endógena por los pasivos remunerados. Desestimula el «carry trade». O sea, vemos a un Caputo que aprendió bastante de los errores cometidos por Sturzenegger en la gestión anterior de Macri. Del otro lado, penalizas mucho al ahorrista más sencillo, el que ahorra en plazos fijos. Yo creo que la eliminación de pasivos remunerados es más una obsesión del presidente que una de las prioridades más importantes, porque no sé si es eso lo que te va a generar que la inflación tenga un sendero convergente más bien tiene que ver con la preparación del terreno para la competencia de monedas. Al mismo tiempo estás pasando al sector fiscal lo que antes era deuda a Banco Central, lo que genera un nivel de renovaciones de las Lecap muy grande. Tenemos malas experiencias de esto, de cargar a los bancos excesivamente con bonos. Basta con remontarse a 2019, cuando gente parecida a la que está ahora terminó reperfilando la deuda.

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