C.A.: No, la verdad no, porque no se discuten ideas, no se discuten cosas de fondo. Se discuten cosas superficiales e intereses económicos de algunos sectores, con una realidad distinta de lo que padece y lo que necesita la sociedad hoy.
P.: ¿Cómo es la coexistencia en el Congreso perteneciendo a un espacio que se distancia de la oposición y del Gobierno?
C.A.: Yo trato de trabajar todos los días desde el sentido común, que lamentablemente es el menos común de los sentidos. Cuando se habla de cosas básicas o de políticas de Estado que necesitamos mejorar y arreglar, de seguridad, salud, educación, trabajo, no tiene que ver con una bandera política. Entenderlo desde ese lugar y poder discutir cuestiones de fondo que realmente son importantes. Este me parece que es el planteo que viene hacia adelante. Hoy tenemos una Cámara de agravio, de insultos, de maltrato, de discriminación, y no de argumentos, no de valores, ni de principios, ni de un plan a trabajar hacia adelante. Eso es lo que preocupa a los diferentes sectores. Uno se sienta en el recinto y escucha las barbaridades que escucha, y después terminan votando a las tres de la mañana por tres cargos, todos juntos. Entonces, me parece que lo que escriben con la mano lo borran con el codo.
P.: Comparte el bloque Argentina Federal con representantes de los gobiernos de Salta y Misiones, ¿qué lugar ocupa ahí?
C.A.: Yo lo que planteé desde el momento que ingresé al bloque era tener la libertad de creer y de saber, de acompañar lo que realmente creemos que es bueno, y de no acompañar lo que creemos que perjudica a la sociedad o, en este caso, a la provincia que represento, que es San Luis. Cuando uno cree que estas cuestiones son beneficiosas para la ciudadanía de San Luis, la acompañamos; cuando creemos que perjudica, no las acompañamos. Eso no quiere decir que se vote unificado ni que el bloque no tenga distintos matices como lo tiene la Argentina. Tener la ventaja de un bloque donde se pueda votar lo que realmente uno sabe o cree es lo importante.
P.: ¿Hasta dónde llega la influencia de Gustavo Sáenz y Hugo Passalacqua, los gobernadores a los que responden sus compañeros de bancada?
C.A.: A mí no me manda nadie, solo el pueblo de San Luis. Se trata de escuchar a la sociedad y a la parte del electorado que te votó. Uno representa en una elección al sector que te vota y, una vez que asume, a todo el pueblo, no representa solamente a los que lo votaron.
P.: Por ejemplo, hubo diferencias en el recorte a Zona Fría: usted votó en contra y los norteños a favor.
C.A.: Voté en contra de Zona Fría porque no se pudo abrir y discutir sector por sector. Eso se discutió a libro cerrado y yo no voto a libro cerrado. Acá tiene que haber discusión, de eso se trata un parlamento: de discutir, de no estar de acuerdo y de acordar. Esa es la herramienta fundamental que tiene que tener la democracia, cosa que hoy no está sucediendo. Se discuten puntos de vista ideales, de cuestiones partidarias y de personas y no de la sociedad en general. Eso es lo que está pasando hoy.
P.: ¿Cómo ve al peronismo hoy, tras un nuevo 17 de Octubre?
C.A.: Yo no veo peronismo, directamente. Lo que pasa es que el PJ se llenó de gente que no tiene nada que ver con las 20 verdades de Perón. Ni cómo trabaja, ni cómo piensa, ni cómo vive un peronista. Hablamos de un peronismo de izquierda cuando Perón era militar y los militares no son de izquierda, los militares son de derecha. El peronismo dice que para el peronismo hay una sola clase de hombres, que son los que trabajan, y esta gente genera planes. Eso es no trabajar. Hay que ponerse de acuerdo con lo que decís, con lo que pensás y lo que hacés. Nadie tiene el peronómetro para decir quién es más o quién es menos peronista, pero sí me parece importante y me parece interesante replantearse algunas cuestiones. En el caso del peronismo de San Luis, está manejado por gente que no trabaja, no piensa, no siente y no late como peronista, con un casete que no tiene dónde escucharlo. Hay una vieja política que no entendió que la política cambió y una nueva política que no entiende cómo funciona la política. Parece un trabalenguas pero es muy sencillo.
Hoy cambiaron las reglas, las formas y las prioridades, pero las necesidades siguen siendo las mismas. Hoy seguimos hablando de falta de trabajo, de falta de vivienda, de falta de salud, de falta de seguridad. Los problemas siguen siendo los mismos y todos tienen las soluciones mágicas para resolverlo, cuando en realidad estuvieron 40 años en el poder. ¿Por qué no lo hicieron cuando estuvieron en el poder si tenían la receta? Entonces lo que queda al aire libre es que es una mentira. Que dicen una cosa y que venden otra. Que de un lado se preocupan por los pobres y del otro lado guardan dólares en un cajón. La realidad que tiene la gente es otra. Por eso la gente está harta de los políticos. La gente no les cree. Esto es lo que hay que cambiar.
P.: Al principio dijo que Javier Milei reniega de ser político, ¿no entró ya en esa categoría?
C.A.: Creo que el Gobierno nacional hizo cosas que había que hacerlas hace mucho tiempo. Hay otras que todavía no llegó a hacerlas o que no sabe cómo hacerlas. Lo que hay que comprender es la realidad que vivimos hoy. Cuando vos venís de muchos años quemando la plata, en algún momento alguien tiene que pagar esa fiesta. Lamentablemente la tenemos que pagar todos. El desorden, el no tener un plan de hacia dónde vamos y la corrupción, que hizo un desastre en el mundo de la política y en la sociedad también. Necesitamos cambiar la matriz, porque si no, los resultados van a seguir siendo los mismos. Nosotros tenemos que cambiar como sociedad y pensar que hay que trabajar y que hay que hacer cosas para llegar a fin de mes. Hay que prepararse y capacitarse; hay que estudiar y tener un plan; no podés gastar más de lo que ganás, esto es lo básico. Tenemos una sociedad que se queja de que el tomate está caro, pero nadie tiene una planta de tomate en la casa.
P.: ¿Cree que Javier Milei reelegirá el año próximo?
C.A.: Milei no tiene quien le gane hoy. Es más por la ausencia de oposición que por Milei en sí. A ver, es elegir esto o la nada. Y nada, hoy no hay un nombre. Hoy no hay una persona en la oposición que digan «che, este es el candidato». La Argentina está acostumbrada a tener líderes que conduzcan. Cuando vos tenés un auto, el auto tiene un solo volante y hoy no hay quien lo maneje o hay 15 que quieren manejar el volante. Si vos agarrás entre 15 personas un volante, lo más probable es que choques. Entonces, el que gana conduce y el que pierde acompaña. Es algo que no se cumple en el peronismo hace 30 años.
Hay que entender: o jubilamos al peronismo, le decimos perdón, Evita, perdón, Perón, gracias por todo y dejamos de hacer daño en el nombre de ellos, o nos alineamos con un concepto político que tiene que ver con esas bases y trabajamos en conjunto. Hoy no lo veo esto.
P.: ¿No lo entusiasma ningún liderazgo nacional?
C.A.: No. Hoy no hay un liderazgo porque no hay nadie que enamore. El peronismo necesita alguien que enamore, alguien que conduzca. Alguien que te diga, estamos yendo hacia allá y la Argentina tuvo líderes: lo tuvo a Perón, a Menem, a Alfonsín, tuvo dirigentes políticos que enamoraron y que la gente creyó y acompañó. Milei fue elegido desde la bronca, no desde la simpatía ni desde la admiración. Nosotros no podemos romper todo y tenemos a alguien que dice que viene a romper todo. El romper todo no es tan así como se dice, sino romper con ciertas estructuras que están enquistadas en el poder y que no resolvieron nada. El tema es que no se contagien de eso y que queden para siempre.
P.: Pasando al escenario de San Luis, ¿cómo analiza el gobierno de Claudio Poggi?
C.A.: Yo veo que hoy la provincia hoy está empezando a encarar un cauce más correcto, que se entendió que hay cuestiones que son prioritarias, como por ejemplo el trabajo, el turismo, las empresas, la minería; cosas que eran tabú en San Luis y que no se hablaban. También veo una oposición obsoleta, un peronismo viejo, desgastado, con ideas de otra época. Hoy a Poggi no le gana a nadie; Poggi le gana por 20 puntos a cualquiera que se le ponga enfrente. El Gobierno provincial tiene un plan para renovar su mandato y del otro lado lo único que hay son críticas y no hay un plan de hacia dónde quiere ir la provincia. El peronismo tiene que ser amplio, solidario y participativo y no lo ves: no hay internas, no hay discusiones y hay gente que se pone con el dedo, que ya estuvo y que ha cometido graves errores.
P.: ¿Qué escenario electoral imagina en San Luis en 2027? ¿Claudio Poggi buscando la reelección frente a un peronismo unido?
C.A.: Al peronismo no lo veo.
P.: Al PJ, entonces.
C.A.: El sello del PJ hay que ver si cuando son las elecciones lo tienen yo creo que hoy veo los hermanos Rodríguez Saá están trabajando separados por una cuestión de ego y que Poggi que está trabajando con la lapicera en la mano, entonces va a decidir cuándo van a ser las elecciones y cómo van a ser. Hoy tiene mayorías en las intendencias y tiene un sistema armado, con todas las condiciones para poder renovar y ganar las elecciones.
P.: ¿Y ve a La Libertad Avanza jugando?
C.A:: ¿En San Luis? No la veo. No veo hoy un candidato de la Libertad Avanza gobernador, no tiene. Los dirigentes de LLA de San Luis no son libertarios, están disfrazados de leones. Yo creo que no son nada, que creyeron ser. La realidad los golpeó cuando les intervinieron el partido.
P.: ¿Qué análisis hace de la actualidad del gremialismo?
C.A.: Son un poco los conectores entre los reclamos y los trabajadores. Yo creo que el sector sindical dejó de representar a la mayoría de los trabajadores y que tenemos dirigentes sindicales que tienen un problema, que es que no trabajaron nunca. Cuando vos tenés dirigentes sindicales que no trabajaron nunca, pierden la representación. Entonces, el problema no son los sindicalistas ni los sindicatos. Lo que hay que hacer es devolverles el sindicato a los trabajadores. Cuando alguien entiende lo que te duele -te lo digo como dirigente sindical-, cuando viene un trabajador de turismo gastronómico a hablar conmigo y me cuenta lo que le duele, no me lo tiene que explicar porque a mí me dolió. Yo sé qué le duele.
Tiene que ver con una cuestión de representación. Vos tenés que ser de del sector y entender y saber cuál es el dolor de un trabajador al cual vas representar. Si no entendés eso como una cuestión básica es muy difícil conducirlo y que se sienta realmente representado. También hay que entender que los sindicatos no trabajan por la lucha del trabajo no registrado, para eso están los entes como el ARCA, el Ministerio de Trabajo, relaciones laborales. Ellos son los que tienen que trabajar todos los días para que no haya trabajadores no registrados o mal registrados, el sindicato representa trabajadores afiliados titulares con la cuota sindical al día.
P.: ¿Cómo ve la relación del Gobierno con los gremios?
C.A.: Tenemos un Gobierno nacional que habla de los convenios colectivos de trabajo, que hoy se mete a regular parte del sindicalismo, cuando es un acuerdo entre privados. Supuestamente eso le iba a resolver el mercado y el sector privado, y ahí está el Gobierno metiendo la pata en los convenios colectivos. Generaron un FAL que a mí me huela a AFJP con otro nombre. Otra vez manoteando los fondos de los trabajadores.
P.: ¿Cómo cómo está la realidad del sector turístico y gastronómico?
C.A.: Triste. Hoy tenemos un sector de hotelería y la gastronomía triste, porque cuando no hay salarios dignos y cuando el poder adquisitivo del sector obrero pierde poder, la gastronomía y la hotelería son lo primero que se cae a pedazos; cuando repunta, es lo primera que levanta. Porque la gente vive de eso. La gente sale a comer afuera, va a hacer pedidos, se van de vacaciones, un día, dos días, tres días, cinco días. Esto lo venimos perdiendo hace más de 20 años. Las vacaciones eran 15 días, un mes, hoy las vacaciones son fin de semana. Esto no pasa con este Gobierno solo, esto viene pasando con muchos gobiernos y también con los gremios que perdieron el turismo social y poder. Hoy muchos sindicatos tienen hoteles a los que los trabajadores no pueden ir porque no lo pueden pagar, siendo de ellos. Es una cuestión a cambiar.
P.: ¿Cree que cambió el sujeto social del peronismo?
C.A.: Hoy el peronismo no tiene nada para decir, perdió las reglas básicas del peronismo. Entonces, cuando vos perdés las reglas, los resultados son estos, los que hoy tenemos. Defender al trabajador es otra cosa. No hay trabajadores sin empresas ni empresas sin trabajadores ¿Cómo se resuelve el tema? Hay que tener un porcentaje de producción. Cuando resolvés eso, no necesitás más paritarias ni nada. Una empresa tiene que tener el 10% de sus ingresos para repartirlo con los trabajadores, con un salario básico para todos y un porcentaje de producción. Cuando tenés eso, te ponés la remera de la empresa y trabajás 100 veces más. Ahora, si vos hacés una remera o 100 y ganás lo mismo, no sé si tenés motivación para hacer 100. Encima me tratan mal, no te pagan y no te dan los beneficios.
La Argentina tiene la mejor ley laboral del planeta, con un solo problema: que no se cumplía. El problema no son las leyes, sino que se cumplan. Tuvimos un diputado nacional que juró por otro país. En cualquier otro país vas preso. Llámese Irán, Uruguay. Es exactamente el mismo error. Hay que respetar cuestiones que tienen que ver con los valores y los principios. Se destruyó la familia -armada como quieras-, no se respeta al abuelo, a la madre, al docente al médico.
P.: ¿Va a haber PASO el año próximo?
C.A.: Yo vengo del peronismo. La PASO es una encuesta paga por todos los argentinos. Internas partidarias: es simple. Muchachos, la ropa sucia se lava en casa, decía Perón. Arreglen sus cuestiones partidarias adentro. A los peronistas los eligen los peronistas. Me parece una locura. El problema es que tienen que trabajar para recuperar la representación. Si no obligás, y la gente no va, y obligándolo tampoco va… hay que trabajar para mostrar que vale la pena ir a votar. Las internas tienen que ser partidarias y los partidos tienen que elegir quiénes son los que conducen. Se perdió el partidismo y todos elegimos todo. Los partidos hoy son el arca de Noé: hay dos de cada especie.
P.: ¿Le interesa competir en 2027?
C.A.: Siempre me interesa competir. Participar hace a la discusión. Sentado en casa, con el control remoto, diciendo que está todo mal no cambia nada. Hay que meter las patas en el barro y bancarse los cachetazos. Ese es el sentido común que hay que recuperar, que es el menos común de los sentidos.



