Policías, bomberos y voluntarios buscan entre los escombros de escuelas y viviendas a sobrevivientes del sismo más mortal en México en tres décadas conforme la cifra de muertos confirmados crecía el miércoles de madrugada a 217 personas. 

Uno de los esfuerzos de rescate más desesperados ocurría en una escuela primaria y secundaria en el sur de Ciudad de México, donde un ala del edificio de tres pisos se derrumbó en un enorme montón de losas de concreto. En el lugar, los periodistas vieron a personal de rescate sacando al menos dos pequeños cuerpos cubiertos por sábanas de entre los escombros.

El doctor Pedro Serrano, voluntario en el lugar, logró colarse entre los huecos de la inestable pila de escombros que había sido la Escuela enrique Rebsamen. Llegó hasta un aula, pero encontró a todos sus ocupantes muertos.

«Logramos entrar a un salón colapsado, vimos unos sillones, una mesas de madera, y de allí lo primero que encontramos fue una pierna. De allí empezamos a mover escombros, y encontramos una niña y dos adultos, una mujer y un masculino», dijo.

«Oímos uno poco de ruido pero no sabemos si viene de arriba o abajo, de las paredes de arriba o alguien pidiendo ayuda abajo». 

Una mezcla de voluntarios del vecindario, policías y bomberos utilizaba perros entrenados para buscar entre los escombros de la escuela. Entre una multitud de padres angustiados ante las puertas Las noticias circulaban las noticias de que dos familias habían recibido mensajes de texto de dos niñas atrapadas en el interior, pero esto no pudo confirmarse.

Los rescatistas tuvieron que apalancar las losas de concreto caídas con vigas de madera para evitar que siguieran derrumbándose y aplastaran cualquier pequeño resquicio de aire que quedara.

El Departamento federal de Educación indicó el martes por la noche que se habían recuperado 25 cuerpos del lugar, todos menos cuatro de niños. No estaba claro si las muertes estaban incluidas en el total de 217 fallecidos reportados por la agencia de Protección Civil.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, había informado antes durante una visita a la escuela de 22 cuerpos y dijo que quedaban 30 niños y ocho adultos desaparecidos en ese momento.

En un mensaje de video difundido el martes por la noche, Peña Nieto hizo una llamada a la calma y dijo que las autoridades trabajaban para llevar ayuda, señalando que el 40% de Ciudad de México y el 60% del cercano estado de Morelos se habían quedado sin electricidad.

Sin embargo, señaló, «La prioridad en este momento es continuar el rescate de quienes aún se encuentran atrapados y dar atención médica a los heridos». 

En todo el centro del país, la gente acudió para ayudar a sus vecinos cuando docenas de edificios se vinieron abajo. El alcalde de Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, dijo que había derrumbes en 44 lugares solo en la capital, después de que el temblor remeciera los rascacielos e hiciera que miles de personas salieran en pánico a las calles.

Largas filas de voluntarios pasaban restos de mano en mano en una planta textil derrumbada donde murieron varias personas. Cuando se sacó a una persona con vida, rompieron en gritos de «¡Sí, podemos!».

Carlos Mendoza, de 30 años, ayudó a remover escombros y auxiliar en el rescate de víctimas en uno de los edificios caídos en la colonia Roma. Cubierto de polvo, dijo que llevaba tres horas trabajando y había logrado sacar a dos personas vivas del derrumbe. «Al ver esto, venimos a ayudar. Está fea, muy fea… Es muy triste, alarmante». 

Unos bloques más allá, en la colonia Roma, Alma González estaba en su departamento cuando el terremoto colapsó el piso más bajo de su edificio y le impidió salir. Sus vecinos la ayudaron montando una escalera en el techo para que pudiera salir a través de una ventana.

El responsable de la agencia, Luis Felipe Puente, publicó en su cuenta de Twitter una cifra revisada de 217 muertos confirmados.

Al menos 86 personas murieron en Ciudad de México, 71 en el estado de Morelos, 43 en Puebla, 12 en el estado de México que rodea la capital, cuatro en Guerrero y uno en Oaxaca.

En el lugar de un apartamento derruido en Ciudad de México, los rescatistas trabajaban sobre una pila de restos de tres pisos de altura, formando una cadena humana que se extendía cuatro bloques, para retirar los fragmentos hasta una zona donde amontonarlos.

A lo largo del día, los rescatistas sacaron a personas cubiertas de polvo, algunas apenas conscientes y otras heridas de gravedad, de unas tres docenas de inmuebles derruidos. En un lugar se utilizaban carros de un supermercado cercano para llevar agua a la zona de rescate y retirar escombros.

Al caer la noche se colocaron grandes focos de luz en las zonas de recuperación, pero trabajadores y voluntarios pidieron luces frontales. En el lugar donde colapsó un edificio de oficinas de seis plantas en la capital, las hermanas Cristina y Victoria López Torres formaban parte de una cadena humana para llevar agua.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) señaló que el sismo tuvo una magnitud de 7,1 grados y que el epicentro se ubicó a cinco kilómetros al noreste de la localidad de Raboso, en el estado de Puebla.

Buena parte de Ciudad de México se alza sobre el lecho de una antigua laguna y el terreno puede amplificar los efectos de temblores centrados a cientos de kilómetros.

El terremoto parecía no relacionado con el temblor de 8,1 grados de magnitud registrado el 7 de septiembre en el sur del país, que también se sintió en la capital mexicana y dejó 90 fallecidos. 

Para añadir angustia, el temblor de magnitud 7,1 del martes ocurrió en el 32do aniversario de un sismo de 1985 que dejó miles de fallecidos en la capital, y poco después de un simulacro a nivel nacional para recordar este hecho.

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